martes, 28 de abril de 2026

L@s acostad@s de Mexicali


Un compañero de clase, que lleva pocos meses viviendo en Mexicali, me dijo que le sorprendía ver a tantas personas “acostadas” en la ciudad. 

L@s acostad@s son personas que vemos tendidas en banquetas, camellones, parques, terrenos baldíos o edificaciones abandonadas. Son personas que viven en tal pobreza, que no se les ha dado acceso a la vivienda, son personas desdichadas a las que se les ha negado el derecho a ser desdichadas en un espacio de acceso privado.

Mi compañero de clase también me preguntó el porqué. ¿Por qué? ¿Acaso no está claro?

Por supuesto que mi compañero lo tenía claro. Lo que él quería conocer—y a esa duda intenté responder— era cuáles son las condiciones económicas, sociales, culturales o políticas concretas que habían causado este fenómeno y por qué seguimos así. 

Mexicali es producto de una formación histórica concreta. Es un municipio relativamente joven, formado gracias a la migración interna primero y externa después.

A pesar de su juventud, ya ha experimentado varios episodios de bonanza económica. No hay que olvidar que nuestro municipio se fundó a partir de que tuvimos acceso al agua del Río Colorado, un insumo indispensable para la agroindustria, la industria y para sostener la vida de la clase trabajadora. Cada uno de ellos exigió una considerable mano de obra, lo que impulsó el crecimiento demográfico y urbano.

Nuestra condición de municipio fronterizo nos puso en el mapa como una de las áreas urbanas más útiles para millones de personas que pretenden o han pretendido migrar hacia el país del norte, así como para quienes llegaron allá, pero fueron expulsadas. Muchas de esas personas cruzaron la frontera con éxito; quienes no lo tuvieron se quedaron aquí para vivir por algún tiempo, e incluso algunas decidieron quedarse para siempre.

Hasta tenemos un dicho que lo ilustra perfecto: quien bebe agua del Río Colorado, ya no se va a querer ir de aquí.

Por otra parte, el comercio ilegal de drogas, su transporte a través de nuestro municipio y sus consecuencias en la seguridad y la salud pública han mermado nuestra calidad de vida. 

Son nuestras circunstancias particulares como municipio las que exacerban la pobreza más extrema, aquella que te deja sin nada, excepto lo que traes puesto; aquella que te obliga a descansar en los lugares más inhóspitos, a menos que decidas arriesgarte a vivir en un ñongo.

Ni los ñongos son seguros para estas personas, mucho menos para las mujeres, quienes tienen mayor riesgo de ser violentadas. Y sí, el consumo de drogas también tiene que ver en esto, pero este fenómeno no es la causa del problema, sino su consecuencia.

Evidentemente, mi respuesta fue solo una opinión, no un estudio científico. Sin embargo, creo que estoy cerca de la realidad, y quienes han vivido tiempo aquí tal vez estarán de acuerdo conmigo.

Lo que quiero subrayar en este texto no es la respuesta que le di, sino la pregunta que él hizo. 

Ese compañero de clase ha vivido y viajado por muchas ciudades de México y de otros países. Eso le ha ppermitido comparar distintas condiciones urbanas. Fue él quien me aclaró que esto no se ve en la mayor parte del país ni del mundo. Por supuesto, están en Los Ángeles, en San Diego y en otras grandes ciudades, pero es menos común de lo que parece que las y los mexicalenses creemos.

También me contó que, en su ciudad de origen, cuando ven a un “acostado”, llaman a la policía; pero no para que lo retiren del lugar, sino para verificar si la persona está viva, consciente y si se le puede ayudar.

Esta conversación me deja un aprendizaje enorme: ninguna bonanza económica del municipio ha sido capaz de brindar acceso igual a los beneficios del desarrollo.

Pero la pobreza extrema no viene de la nada, es producto de la desigualdad estructural. Hasta el momento nadie ha querido remediar esta situación, seguramente estamos esperando a que nos afecte en lo personal para demandar una política pública que atienda a esta población en vulnerabilidad.

La verdad es que eso no debería pasar. El Estado no está garantizando las condiciones mínimas a todas las personas. L@s acostad@s no votan ¿será por eso que todo sigue igual?. 

La pregunta obviamente es retórica.